Aportes de amigos y colegas

Un poema de Cortazar

La Carme Aymerich, amiga catalana me envió este poema numérico. Lo comparto con los seguidores del blog.

cortazar

ROMANCE DEL TRECE

Poemas dispersos de Julio Cortazar*

 

 Trece son mis penas y

trece mis palomas grises,

confieso trece lanzazos

y lloro en trece violines.

 

Campanas de mi ciudad,

perros negros que me siguen;

trece campanas de acero

junto a trece perros tristes.

 

Nací cuando un día doce

se desmayaba en el límite,

y fue un trece de mañana

cuando primero te quise.

 

Eran catorce mis penas,

trece cuando me quisiste.

 

 Llorarás trece semanas

cuando yo tenga que irme

a cumplir con mis fantasmas,

y a escapar de los que aún viven,

y serán trece las noches

largas de tu arrepentirte.

 

Yo tuve para tu mal

catorce cantos felices.

 Éste es uno, y quedan trece

de cuando tú me quisiste…

 

*Julio Cortázar fue un escritor e intelectual argentino. Su nombre es Jules Florencio Cortázar. Nació en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914 y falleció en París (Francia) el 12 de febrero de 1984.

Es considerado uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo.  Como pueden apreciar, hasta versos con números escribía.

——

Rodrigo Contreras es un periodísta del Diario El Centro que ha querido compartir una reflexión que es un verdadero poema…

Matemagia

 por Rodrigo Contreras, hace unos años en el Diario La Mañana

Nada más exacto que un beso. La suma de ansias, recatos, cielos e infiernos. La matemática de un beso se define por la raíz cuadrada de siete, dividida en que te amo hasta que reste un segundo para enamorarme de nuevo. El resultado depende, aunque siempre es exacto. Siempre el abrazo desprovisto de pudor alguno o la cachetada furiosa o la lágrima sumisa hasta que el odio relampaguea y si te he visto no me acuerdo. Todo fríamente calculado.

En el colegio las matemáticas, mis matemáticas, eran un montón de números exactos, sin alma, sin la aventura que me hubiese gustado que tuvieran. Si la hubiesen tenido quizás no estaría escribiendo esto. Pero bueno, ese es otro tema. El tema es que es un error creer que los números se limitan a fórmulas preestablecidas, a la repetición aburrida de sumas y restas.

Fuera del colegio aprendí, por ejemplo, que dos más dos no es cuatro. Que si alguien dice: ‘estoy bien, voy a resolver esto solo’, puede que entre dividir y multiplicar no pueda resolver nada. El ejercicio se viene abajo y hay que volver a intentarlo. Buscar el número exacto, la pieza única que pertenece a un conjunto amigo que, desde fuera, suma exactamente dos más dos.

Es ver más allá de las propias narices. Es buscar la fórmula donde uno menos lo espera. Es volver sobre el tema, escarbar en el cuaderno, hoja tras hoja, tachar, corregir, pasar en limpio. Así la solución aparece como por arte de magia, o matemagia.

No es tan complicado. Parece, pero no lo es. Uno se asusta con tanto número y tanta fórmula. Como asustan a diario tanto contratiempo, porrazo e insulto. Hay que aprovechar la racionalidad matemática (para ordenar el caos) y agregarle una buena cuota de originalidad (para crear algo nuevo).

¿Y qué mago puede hacer ese milagro? Uno que sepa la diferencia entre matemáticas y matemágicas. La primera entrega resultados exactos, pero aburridos. La segunda, simplemente, abre la mente. Como un beso, que puede abrir la mente y los sentidos. El resto es paja molida.

 

Gracias Rodrigo. Te salió del corazón.

cardioide

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